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Por qué cierra Público

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Prisa era, es, un continente felipista, por lo que la era Zapatero propició la emergencia de un nuevo lobby más cercano a su talante y así creció La Sexta o Público. En vez de Polanco, Roures. Ahora, con el PP de Rajoy arrasando, el imperio de esta nueva izquierda se tambalea. El diario Público, referencia del progresismo no alineado con El País, cierra su versión impresa para quedarse (¿por cuánto tiempo?) con la edición en línea.
Dicen (y lo subraya Roures desde Los Angeles, donde espera el Oscar a Midnight in Paris, la película de Woody Allen que él ha producido) que la prensa desaparecerá tal como la conocemos: en la próxima décadas todos leeremos las noticias en Internet. Pero no parece suficiente para explicar el cierre patronal (185 trabajadores en la calle) de un periódico rico en ingresos y ventas.
Al final, los medios no son solo el cuarto poder cargado de románticas responsabilidades ciudadanas sino empresas necesitadas de una gestión impecable. Justamente Susana Hidalgo, redactora jefe de Actualidad en el diario, se quejaba de esto en Twitter: “Una gestión nefasta, digna de estudio en las Escuelas de Negocio, nos ha llevado al cierre”.
Un cierre aplaudido como una victoria por la redacción de La Gaceta, propiedad de Intereconomía, que presumía de sobrevivir sin dinero público y venía acusando a Público de un izquierdismo subvencionado. Quizás esta historia, y sobre todo su desenlace, pueda leerse como (otra) metáfora de los derroches públicos que han propiciado el asalto al estado del bienestar.

Entre los muchos análisis, me quedo con este de Pascual Serrano: ¿Quién cerró el diario español Público?

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