en tiempospos(t)modernos

Por qué engancha el debate soberanista

Mas soberanismo Catalunya
O independentista, o secesionista, o nacionalista, o separatista, o incluso terrorista: fíjense la cantidad de adjetivos manejados por medios y tertulianos. Un gozo esta borrachera verbal, este derroche lingüístico: ¿cómo dejar pasar tal oportunidad de opinar, por fin sin el corsé de lo políticamente correcto (ya saben: la democracia, los derechos humanos…) o la losa de una recesión sin futuro (ya saben: el déficit, los desahucios?
El regreso de la visceralidad, que bendice todo tipo de exabruptos. Al carajo la maldita transición, por fin podemos despacharnos a gusto: nada de consensos. A por ellos.

Coincide Carlos Ávila con Javier Gallego: “Prefiero una Cataluña independiente a que me sigan dando la matraca españolistas y catalanistas con sus banderas” La argumentación de por qué soy independentista catalán va por supuesto más allá de posicionamiento tan pragmático.

Creo sin embargo que el debate seguirá justamente por este motivo. En vez de cansar a la gente (como también es mi caso), el cruce de fervores pro y contra aviva unas pasiones demasiado reprimidas durante décadas, si no siglos. Putas catalanes, putes forasters: el fútbol (Barça vs Madrid) no ha sido suficiente para derivar el enconamiento.
O sea, es sano. Terapéutico, catártico.
Sobre todo cuando estamos sumidos en la desesperanza de estos tiempos. Es el fin de todo: de la historia, de la política, de la economía. Nos queda tirarnos del moño a cuenta de la nación.

Otra cosa es la realidad. Los pactos, el posibilismo en el que tan bien están entrenados los aparatos de los partidos. CiU y ERC han puesto fecha para el referendum: 2014. Pero incluyen en su acuerdo una cláusula que permita posponerlo de mutuo acuerdo por causas justificadas. El juego del ratón y el gato.

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