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Por qué es imposible reducir el fracaso escolar: 7 razones

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1. Los profesores somos malos profesionales. Llevo 35 años dando clases y nunca he sido supervisado. No hay seguimiento alguno, ni pruebas de acceso rigurosas que sirvan como filtro. No existe la profesión sino la buena voluntad.
2. Los padres no nos comprometemos. No tenemos tiempo ni energías para revisar los deberes, los controles, los libros, las notas.
3. Los alumnos no están motivados. La escuela es demasiado aburrida en relación a otras fuentes de información, por ejemplo Internet.
4. El sistema escolar es anacrónico. En un mundo global cambiante y abierta, la escuela sigue aferrada a un modelo burocrático
5. Los políticos no se atreven a entregar el poder de la escuela al director, al tutor, al profesor, y someterlos a controles de calidad (¿qué grado de satisfacción tienen los clientes?, o sea los alumnos). Es más cómodo mantener entelequias como el consejo escolar o la figura del inspector, ambos alejados de la realidad cotidiana.
6. El cambio de primaria a secundaria (donde se dispara el fracaso escolar) es absurdo y traumático. Los alumnos pasan de tener un profesor-tutor y un aula a tener 10 profesores y 3 o 4 aulas con la consiguiente dispersión física, justamente a una edad (11-12 años) donde explota la dispersión psicológica. Por su parte, los profesores-turores pasan de tener 25 alumnos en primaria a 150 en secundaria, con la consiguiente dispersión académica.
7. En conjunto no hay nadie que se responsabilice de tal fracaso, que es un auténtico atentado terrorista. Con víctimas: l@s much@s chic@s que no acaban la ESO son carne de cañón en la mayoría de casos.

Imagen: Leer el Universo

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Comentario

  1. Después de un excelente 5º de primaria, cuyos últimos meses fueron impartidos por un jovencito sustituto de la profesora que había caido en depresión, mi hijo comenzó un 6º más bien convulso con varios suspensos y la advertencia de que necesitaba un serio cambio. Pasé 3 ó 4 años supervisando su tarea, ayudándole a estudiar, no solo a base de preguntarle la lección sino de enseñarle técnicas de memorización, de subrayado, de hacer esquemas, resúmenes, caminando a su lado. Hoy estudia 2º curso de psicología, sacando buenas notas. ¿Qué mejoraría yo?.
    1) Mayor claridad y concisión en los objetivos. A menudo la materia de un exámen estaba repartida entre pequeños trocitos de muchas páginas del libro, no precisamente contiguas. El solo hecho de buscar la información era extenuante. Una vez reescrito todo, ocupaba un par de folios.
    2) Dotar al alumno de estrategias de aprendizaje. A memorizar no se aprende solo repitiendo una y otra vez. Con técnicas de aprendizaje puede constituir un juego en si mismo. Aprender a subrayar, a tomar apuntes. Subrayar las palabras clave, no trazar una línea continua bajo el texto.
    3) Motivar al alumno con pasión. Yo suspendí historia cuando tenía su edad. Mi hijo llegaba con una lección diciendo que aquello era un rollo y yo le decía que era interesantísimo y le contaba algún punto clave del asunto. Hay que decir que años más tarde tuve que estudiar historia por mí mismo, y descubrí otra cara de la asignatura. Al acabar el curso mi hijo quería ser historiador…
    4) Dar ejemplo. Mantener una mente activa, leer, asistir a actividades culturales…los hijos copian de sus padres.
    5) Alentar el esfuerzo, pero no presionar con las notas. A mi hijo siempre le exijo que estudie, que sepa la materia, y que se despreocupe de la nota. Aprobado está bien, y si suspende habiendo estudiado, bueno, pues se evalua qué ha pasado y se intenta de nuevo. La presión excesiva por la nota es algo negativo.
    6) y último, pero debería ir en primer lugar: en la calidad de la enseñanza lo más importante para mi es el aspecto humano del maestro. Un buen maestro transmite algo que va más allá de lo que enseña. Si tiene interés por sus alumnos, si tiene interés por la enseñanza, sus alumnos lo notarán y le seguirán como hipnotizados (al menos es lo que me ha pasado con los mejores maestros que he tenido).

    • Gracias por la aportación, tan personal. Desgraciadamente todos los padres estarían de acuerdo contigo. Pero me refiero a los que, como tú, apoyan, ayudan, atienden al hijo. No todos hacen este trabajo: cada vez es mayor la proporción de los que se desentienden: “no sé qué hacer con mi hijo”, es la respuesta (más bien, demanda de ayuda) de los padres cuando son requeridos por la escuela.
      Realmente el tema da para mucho. Continuará, pues

  2. Muy de acuerdo con el artículo. Y es verdad, hay mucha buena voluntad. Y la hay, hay muchos docentes que hacen proyectos y actividades que nadie paga ni reconoce sólo porque creen que es su obligación y mejora la calidad. Pero no hay una evaluación objetiva, ni controles de calidad, ni estímulos, ni nada…
    Y lo de los padres, va por barrios, pero veo que alumno que es seguido, apoyado y estimulado, sigue adelante. Y el que no, pues lo pasa mal.
    Y en cuanto a la estructura del sistema educativo, completamente de acuerdo. Me gusta tu aportación.
    Saludos, Alberto de los Ríos