en más o menos

Por qué Rajoy puede mantener su mayoría absoluta sin despeinarse

voto 2012
1. Por la deriva de la izquierda europea y sobre todo española. La pérdida de 5 millones de votos del PSOE es un síntoma que va mucho más allá del descrédito de ZP como gestor de la recesión económica o del desgaste de dos legislaturas. Francia, Inglaterra, Alemania, Italia, Portugal, Grecia… La izquierda ha salido de los Gobiernos desde los que extendió el Estado del bienestar porque hoy no tiene argumentos ni estrategias para evitar su descomposición. Ha sabido dirigir una administración pública rica pero no sabe qué hacer con la misma ahora que la deuda aprieta. Demasiadas décadas de abundancia han desentrenado a la izquierda, que ha perdido su papel reivindicativo, su combatividad: un tiempo en que los obreros han desaparecido para ser sustituidos por consumidores integrados en un modelo socioeconómico sin alternativas. Los sindicatos han perdido protagonismo e identidad, sin necesidad de ser neutralizados violentamente como hicieron los pioneros neoliberales Thatcher y Reagan: baste ver los desfiles y concentraciones del 1 de mayo para comprobar la debilidad endémica de unas organizaciones hoy cuestionadas por su burocratismo (excesiva cantidad de liberados) y clientelismo institucional (financiación pública), que los iguala en desprestigio a los partidos y líderes políticos.

2. Por el deslizamiento del PP de Rajoy hacia el centro. Alejados de la prepotencia de la era Aznar (¿recuerdan las formas y fondos de Álvarez Cascos, Trillo, Mayor Oreja, Acebes, Miguel Ángel Rodríguez, Esperanza Aguirre, María San Gil…?), los ministros actuales no son propensos a los excesos neoliberales, las agresividades verbales o las radicalidades ideológicas. Refugiados en un perfil tecnócrata, se abrazan a un discurso pragmático que llega a la población como solución a los desvaríos de la era socialista. El PP ha dejado de ser un partido de derechas o conservador para ingresar en un ámbito opaco y despolitizado que se presenta, incluso humildemente, como simple gestor en unos tiempos de crisis que inhiben el debate y el análisis. Una vez ocupado el centro (este espacio que se corresponde con el imaginario globalizado de un mundo feliz), va a resultar muy difícil desalojarlo de allí. Entre otras cosas, porque los votantes siguen acudiendo a las urnas por muy desengañados que se sientan.

Ilustración: El País

deja tu comentario

Comentario