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Profesores en huelga

Esperanza Aguirre ha anunciado recortes en educación, y los profesores le han devuelto la carta que les había escrito con los errores de expresión y ortografía marcados en rojo. Uno creía que este sistema de corrección había quedado obsoleto porque era una forma de disminuir la autoestima del alumno mediante una estrategia represiva ajena a cualquier tipo de motivación, aunque igual es justamente esto lo que pretenden los profes indignados: reprender a Aguirre con el estilo autoritario que ella misma pone en práctica.

Lo de la enseñanza tiene difícil remedio. Aunque muchos dicen conocerlo, no hay forma de ponerse de acuerdo.
Hace poco se formó una maxi plataforma y algunos sindicatos le echaron los perros. Ahora se presenta una asociación de profesores de secundaria, que ven en la de directores de lo mismo una amenaza. Todos contra todos, o cada maestrillo tiene su librillo.
Por supuesto, en nombre de la calidad de la enseñanza, aunque los tópicos se repitan como mantras. Mientras, los alumnos campan a sus anchas y el fracaso escolar ya forma parte natural del paisanaje.

No he leído reflexiones en torno a las ideas de Paul Krugman, un Premio Nobel de orientación keynesiana según el cual la enseñanza ya no funciona como motor de crecimiento económico: desaparecen los sueldos medios que se corresponden con trabajos deslocalizables o informatizables, y se mantienen los pocos sustituibles: los manuales o los muy especializados.
De ahí que los políticos no se recorten a ellos mismos; están encantados con su ortografía.

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