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Proxy advisors, otro oligopolio

Internet y la globalización han posibilitado la larga cola (explosión de nichos de mercado, multiplicación de pequeñas ventas que abre la puerta a emprendedores sin apenas soporte financiero inicial) al tiempo que se consolida la concentración de capital gestionada por fondos de inversión en un escenario transnacional.
Unas pocas grandes empresas dominan el mercado, de la misma forma que un reducido porcentaje de la población posee la mayor parte de la riqueza: 85 multimillonarios acumulan tanto dinero como la mitad más pobre del planeta.
Y este oligopolio tiene que subcontratar servicios para poder gestionar sus infinitas propiedades, fragmentadas en acciones que circulan a través de las compañías desparramadas a lo largo y ancho del mundo.

¿Cómo puede votar un fondo de inversión en una de las miles de asambleas de accionistas en que tiene intereses y por tanto representación? Para suplir esta carencia surgieron los proxy advisors, asesores de voto. En principio, una solución lógica y pragmática. Empresas dedicadas a orientar a los accionistas que no tienen posibilidad de conocer en detalle las opciones que hay que discutir y aprobar.
Si uno se para a pensar un momento, ¿no pasa lo mismo en la política? Los aparatos de los grandes partidos deciden el sentido de su voto en cada uno de los debates parlamentarios, y los congresistas (diputados, concejales) se limitan a replicar automáticamente (militarmente) la consigna. Disciplina de voto, lo llaman.

En el caso de los fondos de inversión, los aparatos políticos serían estos proxy advisors que deciden en la sombra qué hay que votar en cada consejo de administración. Pero, también como pasa en los partidos, la corrupción desvirtúa el mecanismo. En EEUU casi toda esta asesoría de voto financiero está monopolizada por Institutional Shareholder Services (ISS) y Glass Lewis.
Consecuencia evidente: estos proxy advisors deciden en la práctica los movimientos de capital empresarial y en ocasiones sin importarles los conflictos de intereses derivados. Es frecuente que una compañía de proxy advisors tenga entre sus inversores compañías a las que asesoran. Suena a demasiado endogámico.

Pero, ¿no existe una durísima legislación antimonopolio en EEUU?
Desde hace años y años salta el debate: hay que regular estos proxy advisors. Y seguimos igual. Europa, y especialmente España, reclaman esta regulación y una mayor transparencia. Por supuesto, sin resultado. El actual neoliberalismo amparado por Thatcher y Reagan promueve justamente la desregulación como motor del crecimiento económico. Efectivamente, en estos últimos 30 años los ricos se han hecho (y se siguen haciendo) cada vez mas ricos.

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