en despuesdegoogle

Recuerdos implantados

recuerdos
Mi hija pequeña se ha aficionado a contar episodios de cuando era más pequeña, apenas unos añitos. Y muchas de estas escenas redivivas son en realidad fotografías que se han grabado en la retina, si es que no son sueños que con el tiempo han adquirido una pátina más real y consistente que la propia realidad, a veces demasiado insustancial.
De esta forma se estructura nuestra memoria, a base de retazos de cosas que pasaron de verdad revueltos con fragmentos que otros fotografiaron o que nuestro inconsciente elabora sin pedirnos permiso. Y de esta mescolanza surge nuestra identidad, nuestro vínculo con el pasado.

Una de las historias que más me conmovió en la ya lejana Blade Runner (la película, porque la novela apenas la recoge) es la que acerca al policía Rick Deckard (Harrison Ford) a una bella replicante (Sean Young) que no sabe que lo es y que se niega a aceptarlo cuando él se lo insinúa. Como demostración de su realidad humana ella le cuenta recuerdos y le muestra fotografías de la infancia. Todo material falso aunque no para ella: los recuerdos implantados eran tan vívidos como si hubiesen sucedido.

A veces me descubro dudando de cosas que viví hace mucho: ¿pasaron, me las contaron o las fotografiaron así? Es más, en ocasiones me parece estar mirando el presente con ojos implantados.
Otro (la madre, una persona que te marcó de pequeño…) mira por nosotros como parte de una herencia que nos dejó sin avisarnos ni nosotros solicitarla, de forma que repetimos argumentos y reacciones que formaban parte del repertorio de este otro.
De ahí que sea tan difícil entendernos: no manejamos nuestro propio discurso, que tiene bastante de ajeno. Es más: a veces, el discurso nos maneja a nosotros.

deja tu comentario

Comentario