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en tiempospos(t)modernos

Secret State, la política perdida

Secret State
Secret State, imprescindible si te gustó The Newsroom: hay algo en común entre estas dos series, alejadas ambas de la moda frívola, tremendista o adolescente: la añoranza de un paraíso perdido, de un mundo adulto con líderes y discursos creíbles.
El periodista McAvoy y el viceprimer ministro: dos valientes dispuestos a enfrentarse a los poderes fácticos, autores uno y otro de discursos memorables que marcan sendas series. Recuperación de la dignidad perdida a manos de las grandes corporaciones, reivindicación humanista de valores modernos (patria, libertad, democracia) que la postmodernidad está arruinando a golpes de cinismo financiero.
Pero aquí se acaban los paralelismos: The Newsroom es demasiado americana. Un panfleto brillante a favor de la independencia informativa contado con ritmo enérgico, salpicado de diálogos ingeniosos y momentos sentimentales. Secret Sate no es americana (es más: los norteamericanos de Petroflex son los malos). No hay líos de faldas de por medio ni piques dialécticos. Y se insinúan muchas cosas que no llegan a concretarse, incluido un final abierto.
Secret State es una miniserie (cuatro capítulos) inquietante. Sombría: cielos encapotados, escenas nocturnas, espacios cerrados. ¿Puede un político honesto enfrentarse a Davos? O peor todavía: ¿puede enfrentarse a los intereses de su propio partido y a la maquinaria de toda una administración?: de eso va la serie, desarrollada con formato de thriller que nos conduce a las fronteras de las cloacas del estado. Sobriedad británica (Channel 4) para contarnos la sociedad de la vigilancia, las economías emergentes, la mafia petrolífera.
Y encima con personajes redondos, también los secundarios.

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