en tiempospos(t)modernos

Skyfall, Bond contra Gangnam Style

Skyfall
Aviso: El post contiene espoilers

Los valores clásicos, el mundo de Bond. Por eso se afeita con navaja. Por eso M no se jubila a pesar de su edad. Los viejos como garantía de una sociedad amenazada, de una civilización en crisis.
Enfrente, el malo malísimo, ¿reencarnación de Hanibal Lecter? (un guiño cinéfilo más para darle a la película un baño entre culto y friki): también Silva proviene de aquella época hoy en decadencia. Pero ha traicionado los valores clásicos y se ha pasado al mundo postmoderno: una isla en ruinas que es puro decorado (la fuga nuclear, una farsa). Sujeto biónico que ha abrazado la causa digital. Un hacker teñido de rubio oxigenado que mata a los compases de canciones retro (Boom! de Charles Trenet en la isla, Boom Boom de John Lee Hooker interpretada por The Animals en el asalto a Skyfall). Un tipo paródico que mezcla estilos y discursos: el mal gusto, lo hortera, contra el clasicismo estético de Bond y M.
007 y el servicio de espionaje británico celebran sus 50 años reforzando su identidad y su mensaje: los terroristas siguen vivos, aunque no haya comunistas y haya muerto Bin Laden. ¿Renovación? No, vuelta a los orígenes. Por eso el jovencito informático en que se ha transformado el ingeniero Q es superado por las circunstancias. Por eso Silva muere a manos de un simple y vulgar cuchillo: “el arma más segura”.

El resto de la película, prescindible. Persecuciones, peleas sobre el tren en marcha, rascacielos, carreras en moto, casinos. De Turquía a Shangai, una antología de los poderes de Bond, James Bond. Pero la historia solo se anima cuando aparece Bardem y el consecuente cuerpo a cuerpo entre dos veteranos ilustres de los tiempos modernos: el malo que ha evolucionado (¿hasta la homosexualidad?) y el bueno fiel al alcohol, las mujeres y el imperio británico. Postmodernidad frente a modernidad, por supuesto gana la segunda aunque admita la necesidad de un relevo: M muere.
Del conflicto psicoanalítico (la madre que traiciona a sus hijos y cómo uno es incapaz de asimilarlo mientras el otro sí: infantilismo versus madurez): otra capa de barniz para este entrega conmemorativa que es auto homenaje. Viaje enfático y grandilocuente a las profundidades (refugio del servicio de inteligencia, refugio de Skyfall). Viaje a las esencias: el campo, la mansión paterna. Viaje al pasado (¿Skyfall, el Rosebud orsonwelliano de Bond?), desde donde resucitar. La sobriedad se impone a la extravagancia. Dios salve a la reina.

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