en tiempospos(t)modernos

Sordina

silencio
Hay gente que para desconectar se va al campo (todo palmesano que se precie tiene una casita en el pueblo familiar y/o un chalé cerca del mar), aunque parece que tal solución no es suficiente. Además de unas semanas alejados de la ciudad, la gente también viaja, hace ejercicio programado, sale alguna que otra noche, ve la tele. Lo importante es desconectar, desenchufarnos de una vida cotidiana que al parecer nos machaca. Pocos optan por dejarla, abandonarla como sería lógico. Quizás estamos moldeados a medida de este estrés y nos resulta imposible prescindir de esta adrenalina: a cambio, hemos aprendido a escapar en pequeñas dosis pero tan frecuentes que se ha convertido en el principal objetivo de nuestra existencia. Absurda tiranía que sobrellevamos con dignidad porque la compartimos con nuestros amigos y conocidos, con los que practicamos la terapia de desahogarnos contra el tráfico, la política, el dinero y la vida en general. Funciona esta válvula de escape, y por esto seguimos enganchados en estos protocolos sin introducir grandes cambios. Cuestión de equilibrios. Sin embargo, muy cerca nuestro, disponemos de una sordina interior (y exterior si hace falta) que nos evitaría tener que fugarnos con tanto ahínco. Rebajar las revoluciones de nuestras ambiciones y ansiedades, abrir pequeños espacios de silencio. Tan sencilla y antigua como eso, la fórmula tiene el inconveniente de que no se compra ni se exhibe, es una pura cuestión de actitud. Solo depende de uno mismo.

Imagen: irenefermu

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