¿Tú también, Fidel?

Montón de fotos, vídeos, vídeoclips, imágenes de todo tipo. Freddy Mercury riendo, saltando, desafiando los límites. Apasionado, vitalista, rompedor. Eterno. Hasta que desapareció, apenas unas fotos donde se muestra deteriorado y retraído. La confesión de que tenía SIDA y enseguida la muerte. ¿Tú también, Freddy Mercury? 25 años después todavía sus fans lo veneran como hacen con Elvis o Lennon o Cobain o Amy. Negando su desaparición física, su muerte. Los mantenemos vivos, criogenizados. Presentes en las pantallas y los altavoces. Espléndidos, repletos de fuerza. Momificados como hacían en Egipto y tantas culturas empeñadas en preservar el tránsito de la muerte. [+]

Amour, la ausencia

Una mirada, lenta, implacable, tierna, al amor que habita en la frontera con la muerte, la disolución del sujeto. Ella muere porque ya ha sumado todas las pérdidas, todas las ausencias. Hasta ese hilo que la mantiene unida a la vida llega una suave y sostenida, heroica, brisa de amor incondicional que sin embargo es insuficiente. [+]

Lauren Bacall sin maquillaje

Ni cirugía. Se dejó fotografiar así, con esta libertad de quienes aceptan sin estridencias que van a morir pronto porque ya han hecho todo lo que les dio la gana mientras vivieron. Ni rastro del glamur que conquistó a Bogart y medio mundo, “¿qué hace una chica como tú en un sitio como este?”
Saber envejecer, saber morir: nuestra asignada olvidada en un mundo volcado en la juventud, la salud y la belleza. [+]

Tito Vilanova, los futbolistas también mueren

Los futbolistas, estos gladiadores de lujo de la postmodernidad, nos venden la imagen de la eterna juventud. Basta ver a Cristiano: parece imposible que ni siquiera pueda lesionarse. La tecnología médica al servicio de esta imaginería. Cristiano se somete a la crioterapia (dos sesiones de frío seco entre 2 y 3 minutos a 200 grados bajo cero), como Raúl (otro futbolista eternamente joven) o Djokovic a la oxigenoterapia mediante una cámara hiperbárica que simula las condiciones de un lugar a 2.000 metros de altura.
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La resurrección de los muertos

Basta ver las rebajas y las playas para comprobar que la Iglesia no se equivocaba cuando prometía la vida eterna en plenitud de condiciones físicas: la posibilidad de durar para siempre dentro de este cuerpo que nos dieron nuestros padres ha funcionado durante siglos como un imaginario imbatible.
Pero la oferta católica adolece de varios defectos, de ahí que la sociedad descreída de hoy le haya ganado la partida a la hora de vender el producto.

Ahora ya no importa esperar al más allá porque durante un día podemos resucitar un montón de veces. Desterrados los pecados, todo depende de nuestro bolsillo y nuestro aguante. Del sexo a un redbull o el gimnasio, las oportunidades para relanzar nuestro cuerpo decaído son de lo más diverso. Antioxidantes y retardadores del envejecimiento, las cremas antiarrugas, los alimentos energéticos, la liposucción y mil formas más de que la química o la farmacia nos prolongue la esperanza de vida, o en todo caso su sucedáneo que es la piel. Y si lo tuyo no son los tratamientos ni las dietas, ve directamente a comprar. O cuando menos a mirar, otro sucedáneo, para renovar tu ilusión de vivir.

Al final, la promesa católica ad futurum queda en clara desventaja ante la oferta actual, diversa e inmediata.
Recuerdo las dudas que despertaba en mi imaginación infantil la resurrección de los muertos: ¿en qué etapa de la vida nos quedaremos fijados para siempre?, ¿y un niño que muere a los dos años?, ¿arrastraremos definitivamente los granos de la cara?, ¿qué pasa con los bizcos y las muy gordas?
Demasiadas preguntas. Hoy, por contra, nos sobran las respuestas.

Enterrar, quemar, licuar

ResomatorA la práctica tradicional de la sepultura (con o sin parafernalia litúrgica) se le ha añadido recientemente la alternativa de la cremación, proveniente de otras latitudes y religiones.
Hasta el punto de que se ha convertido en una opción pija seguramente por lo que tiene de novedoso o minoritario.

A veces hablamos en casa sobre el tema. Irina es partidaria de la tumba bajo el árbol y yo de las cenizas, pero ahora tendremos que plantearnos la posibilidad de una tercera vía: la licuación.

En Florida ya se ha estrenado la primera máquina licuadora de cadáveres.
Se llama Resomator y consigue diluir los cuerpos mediante una solución de hidróxido de potasio de forma más ecológica: produce un 30% menos de gases invernadero que los generados en la cremación.

Fuente: BBC

Adiós a la muerte

Ray Kurzweil es un científico especializado en Inteligencia Artifial e inventor transhumanista (músico, escritor, conferenciante, empresario fabricante de aplicaciones para discapacitados y sistemas de reconocimiento de voz) que se ha hecho famoso por sus predicciones futuristas. Sobre todo, la que vaticina la desaparición de la vejez y la muerte, algo que podrán ver y disfrutar quienes lleguen al 2050: del medio siglo en adelante se normalizará una nanotecnología médica capaz de reparar nuestros órganos y tejidos de forma automatizada, de forma que se neutralizarán los efectos del envejecimiento.

No hace falta decir el interés que despiertan las teorías de Kurzweil, saludado como un gurú: estar guapo y en forma a los 80, esto no tiene precio. Después de la muerte de Dios anunciada por Nietzsche hace siglo y medio y sobrellevada con dignidad por millones de consumidores compulsivos desde entonces, la eterna juventud nos libera finalmente de la inquietante sensación de orfandad. Ya que no hay otra vida, al menos que esta sea superguay.

Aunque tampoco es la panacea: ¿No se cansa uno de vivir? ¿Habrá que decretar una esterilización universal para evitar la hiperpoblación? ¿Qué haremos con tanto viejo verde salido? En fin, que de ser verdad, se avecinan grandes cambios. Los padres y profesores serán todavía más colegas de los chicos, y los abuelos quedarán definitivamente fuera de servicio, ocupados en sí mismos.
Los guionistas también deberán adaptarse: sus historias no podrán tener final.

Artículo publicado en Ultima Hora (15-06-10)

Regreso a Peter Pan

tercera edad

Cada generación está marcada por un conjunto de valores y experiencias que determinan su perspectiva de la vida. Por ejemplo, la de mis padres estuvo condicionada por la guerra, la escasez y el autoritarismo nacionalcatólico. Tanto que años o décadas después de haber desaparecido estas realidades, ellos seguían manejándolas como referencia cotidiana. Definir a las generaciones actuales es más difícil por aquello de que siempre cuesta más definir lo que nos resulta cercano.

A pesar de ello, muchos aventuran que los jóvenes de hoy día están condicionados por el consumismo inmediato que ha marcado su infancia y que los hace débiles para esfuerzos sostenidos pero al mismo tiempo aptos para esta economía neoliberal de contratos basura y trabajo precario. Por otra parte, las señas de identidad generacional tiene su propia diacronía. Los viejos de ahora se diferencian de los de antes en su voluntad de autonomía personal.

Hablando de vejez, perdón, de tercera edad, mi generación parece tener algunos problemas para asimilarla. Tal vez porque es la primera en la Historia de la Humanidad que no contempla la jubilación como un fin sino como un principio. El fin del ciclo de la madurez abre las puertas a una segunda juventud, ajena por definición a la experiencia de la vejez y sobre todo de la muerte. Mis coetáneos y yo llegamos a los 60 sin conciencia de la muerte, con la misma inocencia inconciente que la de un niñato. No queremos morir simplemente porque nos han estado entrenando para gastar más en viajes, academias y centros de ocio como no les pasó a nuestros padres. Morir no entra en nuestros planes.


Artículo publicado en el diario Ultima Hora (10 febrero 2009)

Regreso a Peter Pan

Cada generación está marcada por un conjunto de valores y experiencias que determinan su perspectiva de la vida. Por ejemplo, la de mis padres estuvo condicionada por la guerra, la escasez y el autoritarismo nacionalcatólico. Tanto que años o décadas después de haber desaparecido estas realidades, ellos seguían manejándolas como referencia cotidiana. Definir a las generaciones actuales es más difícil por aquello de que siempre cuesta más definir lo que nos resulta cercano. A pesar de ello, muchos aventuran que los jóvenes de hoy día están condicionados por el consumismo inmediato que ha marcado su infancia y que los hace débiles para esfuerzos sostenidos pero al mismo tiempo aptos para esta economía neoliberal de contratos basura y trabajo precario. Por otra parte, las señas de identidad generacional tiene su propia diacronía. Los viejos de ahora se diferencian de los de antes en su voluntad de autonomía personal. Hablando de vejez, perdón, de tercera edad, mi generación parece tener algunos problemas para asimilarla. Tal vez porque es la primera en la Historia de la Humanidad que no contempla la jubilación como un fin sino como un principio. El fin del ciclo de la madurez abre las puertas a una segunda juventud, ajena por definición a la experiencia de la vejez y sobre todo de la muerte. Mis coetáneos y yo llegamos a los 60 sin conciencia de la muerte, con la misma inocencia inconciente que la de un niñato. No queremos morir simplemente porque nos han estado entrenando para gastar más en viajes, academias y centros de ocio como no les pasó a nuestros padres. Morir no entra en nuestros planes.

Artículo publicado en el diario Ultima Hora (10-02-09)