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Tanta pedagogía y tanta hostia

Estoy leyendo sobre Enseñanza para la Comprensión (EpC), una propuesta o modelo (mejor todavía: marco abierto) orientado a primaria y secundaria, que forma parte del Proyecto Zero impulsado por David Perkins junto a Howard Gardner desde hace ya varias décadas.
Este conjunto de pautas está basado en cuatro elementos tan simples como:

  • Metas Abarcadoras o Hilos Conductores, aquello esencial que se presupone y desarrolla en las metas específicas de cada unidad, tema o materia.
  • Tópicos Generativos, contenidos transvsersales básicos y atractivos, que despiertan interés y posibilidades de desarrollo.
  • Metas de Comprensión para cada unidad: lo que los estudiantes tienen que comprender y apreciar.
  • Desempeños de Comprensión, las actividades que ponen en práctica lo que se ha comprendido.
  • Valoración Continua, con criterios claros, coherentes y públicos, más allá de la evaluación puntual.

La EpC se aplica con éxito y entusiasmo (adiós a los exámenes) en centros como la ikastola Begoñazpi de Bilbao.

Para saber más sobre EpC:
Tina Blythe: La enseñanza para la comprensión (2010)

En fin, que la propuesta da para mucho. Por ejemplo, para discusiones académicas apasionantes sobre las similitudes con otros modelos pedagógicos. Que si las rúbricas, que si los portafolios, que si este enfoque es más cognitivista que constructivista pero muy poco conectivista…

En el insti veo a muy pocos profes que se interesen por todo esto, y a muchos que sienten alergia. Intuyo que algo parecido pasa en la mayoría de colegios, escuelas y centros de enseñanza de aquí y de más allá. Las clases son trabajo de supervivencia en demasiadas ocasiones ni siquiera exitoso: los alumnos se portan mal, no hacen los deberes, no se enteran, se olvidan. Las clases son más un ejercicio de animación (cómo entretener a los chicos o al menos evitar que se aburran demasiado) y todavía más de disciplina, poco, muy poco, de pedagogía de esa que lleva años, décadas, produciéndose en las universidades y engordando congresos, publicaciones, talleres y demás.

Comento con algunos colegas: ¿tanta pedagogía y tanta hostia y todavía no han sacado un sistema que nos alivie del peso absurdo de la corrección? Profesores que ponen exámenes y los pasean durante días o semanas con la vana esperanza de que se corrijan solos. Horas y más horas dedicadas a leer, subrayar, calificar: trabajo inútil desde el punto de vista pedagógico pero necesario desde el punto de vista administrativo. Seguimos poniendo los exámenes y las notas como hace ¿30?, ¿50?, ¿90? años.
El profe no es un pedagogo (nadie se lo exige ni supervisa), es un funcionario con obligaciones muy claras.
La pedagogía va por un sitio (eufórica, efervescente, renovada), los profes por otra (burocracia, inercia, soluciones individuales), los alumnos por otra.

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