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The jazz singer (1927): el artista redimido

Ha pasado a la historia como la primera película del cine sonoro. Al Jolson y su mítica aparición como cantante negro.
Por casualidad he llegado a la película. Solo tenía curiosidad por ver el momento (en realidad, los momentos. Todos ellos, números musicales) en que el cine mudo fue cuestionado para siempre.
Pero me he quedado viendo la película completa. Una hora y media que recomiendo a cualquier amante (¿fetichista?) del cine clásico. Tiene sabor, perfume. La intensidad exagerada de los actores sobreactuados (la madre se pasa la película llorando y gimiendo) de una industria que les privaba de la voz. El sentimentalismo empalagoso de una historia reiterativa y circular. Las pinceladas de humor, el costumbrismo (las calles de New York, el ritual de las celebraciones judías), el diseño rotundo de los personajes incluidos los secundarios.
The jazz singer no es un musical ni un documento histórico sino un peliculón. Un drama moderno que escenifica la lucha del individuo por liberarse de la tiranía de la tradición: familia, cultura, religión. Con final ecléctico: el regreso al hogar (al judaísmo más exigente) homologa finalmente la aventura artística (la opción laica y modernista), hasta entonces una traición impersonable.
Jakie Rabinowitz es hijo de un cantor judío de lo más ortodoxo en New York. Pero al chaval le gusta cantar ragtime en salas de fiesta. El padre se entera, lo saca del bar a empujones y lo muele a correazos, encerrados ambos en la habitación mientras la madre (eterna intermediaria) suplica. El niño deja el hogar para siempre. Con el tiempo se convierte en Jack Robin, cantante de jazz (¿qué entenderían entonces por jazz? Más bien, de canción ligera. De cabaret) hasta que es contratado para cantar en un gran musical en Broadway. Regresa pues a casa, abraza y besa a su mammy, pero su padre vuelve a renegar de su hijo. Segunda ruptura traumática. Noche del estreno, y el padre cae enfermo sin sustituto para cantar el Kol Nidre del día sagrado. La madre va a buscar al hijo al teatro para que asuma su condición de judío: la voz se la ha dado Dios. Pero él opta por el estreno que le proporciona gloria, dinero y realización. Triunfa pero está triste por dentro. Dividido.
El padre empeora y Jack regresa a casa para ponerse al frente de la liturgia y entonar un Kol Nidre tan emocionante como sus canciones de music hall. El padre revive por un instante: “Tenemos un hijo de nuevo”. Justo a tiempo de morir. La novia y el empresario, también presentes en esta larga escena familiar, aceptan la personalidad religiosa de Jack. Fin de la escisión.
Perdonado por unos y por otros, por fin puede ser cantante de jazz. Grandes triunfos en teatros, donde canta Mammy ante la mirada embelesada de su madre, sentada en primera fila junto al amigo, sustituto simbólico del padre que nunca hubiese pisado un local como este.
Curiosamente, el actor y cantante Al Jolson era hijo de un rabino. Y su caracterización puntual como negro en la película está inspirada en su costumbre de teñirse el rostro para salir a actuar.

Puedes descargar la película (formatos AVI, OGG o MP4) desde Internet Archive

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