en tiempospos(t)modernos

Tito Vilanova, los futbolistas también mueren

Los futbolistas, estos gladiadores de lujo de la postmodernidad, nos venden la imagen de la eterna juventud. Basta ver a Cristiano: parece imposible que ni siquiera pueda lesionarse. La tecnología médica al servicio de esta imaginería. Cristiano se somete a la crioterapia (dos sesiones de frío seco entre 2 y 3 minutos a 200 grados bajo cero), como Raúl (otro futbolista eternamente joven) o Djokovic a la oxigenoterapia mediante una cámara hiperbárica que simula las condiciones de un lugar a 2.000 metros de altura.

cr7Ser siempre joven, o parecerlo como casi todas las figuras mediáticas (actores y actrices, presentadores y presentadoras, cantantes…) que viven de su imagen y pasan cada vez más pronto por el cirujano. La fantasía que conjura la muerte.
Pero Tito ha muerto. Es cierto que el tipo de cáncer que padecía era letal: sobrevive uno de cada 50.000 afectados. Antonio Puerta, Chucho Benítez o Dani Jarque, sin embargo, murieron en el campo sin aviso previo. En 2012 la FIFA tenía registros de 84 futbolistas fallecidos en el mundo entero a causas de un paro cardíaco
Al menos han tenido el privilegio de morir jóvenes, como James Dean: una forma mítica de esquivar la vejez. Porque, buceando en nuestro inconsciente colectivo actual, ¿qué nos asusta más: la decadencia de la vejez o la desaparición que es la muerte?
A la primera nuestra hipermodernidad le ofrece la promesa de una vejez digna (cada vez más, de pago), para la segunda no hay respuesta.

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