en política

Túnez, de repente

Tunez disturbios
Era el destino turístico ideal: bueno, bonito y barato. Además, casi anónimo: ¿quién puede decir el nombre de dos o tres tunecinos importantes?, ¿cómo se llamaba el presidente? Es más, ¿es una monarquía, una república? ¿Laico, musulmán, fundamentalista? Sabemos algo de Marruecos (su historia, su régimen), de Egipto, de Jordania, de Dubai, de Turquía por supuesto, incluso de Argelia. Pero, ¿Túnez? Túnes es, era, puro paisaje: playas donde desconectarse del mundo. No sólo del nuestro, también de África: el olvido.
Ahora, de golpe, la gente sale a la calle, protesta, se manifiesta, se quema a lo bonzo. Insólito, no sólo en Túnez sino en toda la geografía árabe, dominada por monarquías de hecho o de derecho legitimadas por derecho divino (proveniente de Alá o de los grandes imperios coloniales europeos) que gobiernan con autoritarismo mediático: los gobernantes son por definición líderes que se apoderan de forma natural de la prensa, la televisión, las mezquitas.
La primera revolución espontánea y popular de la zona, que no ha podido ser reconducida ni con la salida del país del presidente, una renuncia sin precedentes.
Sin embargo, Occidente está reaccionando con temor. Hace décadas culminó el traspaso de poderes pero la independencia de las antiguas colonias tiene mucho de tutelada: reyes, jeques, príncipes y dirigentes visionarios tienen carta blanca para mantener alineados sus respectivos países. Y si no se interviene, como hicieron Bush padre y Bush hijo.
Para mantener el statu quo y evitar aventuras imprevisibles, la ministra francesa de Exteriores había ofrecido antidisturbios al tirano tunecino antes de su caída, para así poder seguir matando civiles en las calles: el capitalismo protege a sus dictadores.
¿Democracia, pueblo, voluntad popular? Hace tiempo que Europa olvidaron estos conceptos. O mejor, los reconvirtieron en ceremonia blindada que pueden exportar a “nuestros hijos de puta”

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